
Ladrón de mis anhelos, me despojaste de un mundo de ambición para convertirme en tu admiradora a tu antojo, en tu rehén mediante el brillo de tus ojos, hipnotizándome al grado de anular mis deseos, para convertirlos en tuyos, hay una
magia especial en ti, difícil de explicar e invisiblemente perceptible.
Cosechador de nuevos sueños, surgidos en tus pasos, delegando a un plano menos utópico los míos, adquiriendo el compromiso de respeto por tu nombre, de devoción por tu piel, por darme la oportunidad de
volar de nuevo.
Te regalé sin tú saberlo mi alma, repleta de encontradas ilusiones, encauzadas hasta el aroma de tu seguridad.
Mi cuerpo, expositor de claras sensaciones, despertaba ante la música de tus gestos, acariciando tus palabras, esenciales para mi sonrisa diaria. Has robado carcajadas sin pudor, coleccionando estas piezas de tu motín, orgulloso de tus logros, cada noche.
Paciente ante mis reflexiones, ante las inclemencias del tiempo, asaltaste mi corazón en pequeñas dosis, casi sin darme cuenta.
El oro de tu alma brilla de una forma inquietante, aun cuando vulnerable me siento, más fuerte soy a tu lado.
Ansiaba vivir con luz, y tu mirada fugazmente fue mi candil.